

Hay personas que se aferran a un tema y nunca lo abandonan. Por ejemplo, sigo a un artista que lleva décadas creando esculturas estilizadas de flores. Su obra nunca está terminada; siempre encuentra una razón para seguir esculpiendo su inspiración.
Probablemente todos conocemos ejemplos de músicos que, a lo largo de los años, siguen interpretando con entusiasmo e incansablemente sus propias composiciones en festivales, bares, salas llenas of medio llenas... O pensemos en un hombre como Peyo, que en 1958 comenzó a dibujar pitufos y siguió trabajando dedicado a esos personajes hasta su muerte.



Crecí en la década de 1970, en un pueblo holandés que parecía no salir nunca del otoño. Siempre había viento y lluvia. Mi hermano y yo jugábamos en el cañaveral cerca del lago IJsselmeer. Allí construíamos cabañas y cavábamos trampas para otros niños. A veces, armados con escudos y espadas de madera, marchábamos por la cresta del dique hacia otro pueblo para resolver una disputa.
Aparte de eso, no había mucho que hacer.






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